Cuando el amor se encuentra en la oficina
El tema del amor en el trabajo no es poco común. Ya en 1998, el Bureau of National Affairs (Comité de Asuntos Nacionales de Estados Unidos) informó que, de cada 10 relaciones sentimentales, tres se habían desarrollado en el centro laboral. Una cifra que probablemente no refleja el total, tomando en cuenta que las relaciones extramaritales dentro de las oficinas rara vez se reportan. Es más, según estudios de Charles A. Pierce y Herman Aguinis, investigadores del tema y profesores asistentes de la Montana State University y la Universidad de Colorado, respectivamente, el 80 por ciento de los estadounidenses ha tenido o ha sido testigo de un romance en su lugar de trabajo.
Claro que no siempre el amor en el centro laboral resulta negativo. En un tiempo en que éste es el eje central de la vida de millones de personas, hecho que se acrecentó en el siglo XX con la irrupción de las mujeres en todo tipo de actividades económicas, la oficina es el lugar privilegiado para la interrelación social. Ahí se forjan las amistades, las personas se desarrollan profesionalmente y, sobre todo, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de España, se conocen las parejas. De acuerdo con un estudio que realizó ese centro para precisar el impacto de las relaciones laborales en el plano afectivo, el 13.3 por ciento de los encuestados dijo haber conocido a su pareja actual porque trabajaba o estudiaba en el mismo lugar. Entre los motivos que los encuestados dieron para haber comenzado una relación amorosa en la oficina, se encontraban la afinidad intelectual y el mismo interés laboral.
¿Una combinación adecuada?
Mezclar el trabajo o amistad o familia con la propia sexualidad. Hay quien piensa que mezclar la sexualidad con el trabajo no es una combinación adecuada, que resulta ineficiente e ineficaz para uno y para el trabajo. Y es indistinto que la relación sexual completa se dé dentro o fuera de los dominios del trabajo. Según esta corriente de opinión, el negocio es una red de poder y esa trama se altera totalmente cuando entra el sexo, dándole poder a quien no le corresponde y viceversa. El sexo altera la estructura de poder. La relación sexual siempre resulta de la necesidad, y cuando esa necesidad queda satisfecha uno ha perdido poder.
Una reputación de promiscuidad sexual puede conllevar una falta de respeto en la oficina y en los negocios. En estos casos, la intimidad sexual determina una inevitable pérdida de distancia entre uno y las personas que está tratando de dirigir. Las voces se corren rápidamente. No hace falta más que una pequeña indiscreción para empañar una reputación y mermar la credibilidad.
Los afectos que llevan a relacionarse sexualmente en el trabajo también son múltiples: soledad, ansias de poder, búsqueda de valorización, búsqueda de pareja, bronca, revanchacarencia de afecto o necesidad de protección.
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reflexionar: ¿que tan bueno puede ser relacionarte afectivamente con alguien que trabaja con vos?
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